DESARROLLO DE LA CIRUGÍA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA

De Neurowiki

La gran revolución en el campo de la cirugía tiene como pilares, como queda dicho, el descubrimiento de la anestesia y de la antisepsia. En lo tocante a la neurocirugía, su nacimiento y desarrollo se basa en estos dos hechos mencionados, en lo que a cirugía se refiere, y por otra parte, en el extraordinario desarrollo que alcanzó la neurología clínica. Analizaremos sucesivamente estos hechos: Por una parte el gran desarrollo de la cirugía, gracias a la anestesia y antisepsia; y por otro, el no menos brillante de la neurología clínica debido en gran parte al método anatomo-clínico, al espíritu neurofisiológico y a los descubrimientos neurohistológicos que tuvieron lugar en esta época.


Contenido

DESARROLLO DE LA CIRUGÍA

NACIMIENTO DE LA ANESTESIA

Es bien sabido que algunos pueblos de la antigüedad utilizaban diversas drogas con el fin de paliar los sufrimientos inherentes a las intervenciones quirúrgicas. Los pueblos primitivos mejicanos utilizaban el Peyotl, los países mediterráneos utilizaban las bebidas alcohólicas, singularmente el vino, para lograr un estado de inconsciencia. Algunos pueblos orientales utilizaban la marihuana y otras yerbas estupefacientes. En el siglo I de la era cristiana, el Herbario de Dioscórides indica los efectos beneficiosos del cocimiento de yerbas de mandragora dado al enfermo antes de las intervenciones quirúrgicas. El vino de mandragora era también utilizado ampliamente. La escuela de medicina de Salerno utilizaba la adormidera y el beleño así como el ya citado vino de mandragora. En España, Arnaldo de Vilanova, daba la siguiente receta anestésica: Opio, corteza de mandragora y raíces de beleño a partes iguales, disuélvelo con agua, empapa una esponja y colócasela en la nariz y en la frente, con lo que podrás comenzar tranquilamente la intervención. Para el despertar utiliza un trapo previamente sumergido en vinagre muy fuerte. Si bien estos métodos podían ser peligrosos, especialmente en manos inexpertas, es muy probable que hayan contribuido a mitigar los dolores de algunos de los intervenidos, especialmente por amputaciones. Sin embargo fueron abandonados y desde aproximadamente el año 1400 hasta la segunda mitad del siglo XIX, no se realizan intervenciones en que el dolor del enfermo se vea disminuido por medios químicos. En 1839, Velpeau, decía que el tratar de evitar el dolor en las operaciones era una quimera que no valía la pena ni intentar. Durante todos estos años las intervenciones quirúrgicas representaban un suplicio no sólo para el enfermo sino también para el cirujano y para los que tenían que colaborar sujetando al paciente. En un relato de Fabricio de Hilden, se refiere el caso de una intervención en la que el paciente gritaba y se movía tanto que todos los ayudantes terminaron por atemorizarse y marchar, excepto el hijo del cirujano, que mantenía la pierna que iba a ser cortada. Al oír los gritos su mujer, que se encontraba embarazada, vino de la habitación próxima y contribuyó también a sujetar al enfermo hasta que la intervención acabó. Cirujanos de la reputación y habilidad de Cheselden, capaz de quitar un cálculo de una vejiga en menos de un minuto, o de Astley Cooper, de similar habilidad quirúrgica, confesaban sus temores, ansiedades y malos ratos especialmente antes de las intervenciones quirúrgicas y durante las mismas.

Los primeros intentos más o menos científicos para tratar de mitigar el dolor de las intervenciones, tuvieron lugar mediante las compresiones con torniquete y mediante la sugestión. A finales del siglo XVIII, un joven cirujano de Londres, Moore, le ofreció al prestigioso cirujano Hunter, su invento que consistía esencialmente en un fuerte compresor, con el fin de disminuir el dolor. El primer enfermo al que se aplicó refirió que aunque el dolor había disminuido, las ligaduras de los vasos le produjeron agudas algias, por lo que el método fue desechado. Respecto a la sugestión, derivada de las actividades de Antón Mesmer, fue utilizada por Elliotson en Gran Bretaña y por Esdaile, primeramente en la India y posteriormente en su tierra natal, Escocia. Este último, si bien tuvo éxito en la sofronización de los hindúes, consiguiendo realizar numerosas intervenciones sin dolor gracias a los procederes de sugestión que utilizaba, fracasó a su regreso Escocia frente a sus desconfiados paisanos que probablemente esperasen más del whisky como agente anestésico, que de los pases de mesmerismo, a los que tal vez encontrasen algo ridículos.

Los primeros pasos de la anestesia por inhalación gaseosa, están ligados fundamentalmente al óxido nitroso. Ya en 1779, en Gran Bretaña, Sir Humphry Davy, observó la desaparición de las cefaleas y de los dolores de muelas tras la inhalación de este gas nitroso, haciendo observar su posible aplicación a la cirugía. Esta observación, pasó sin embargo inadvertida.

Durante la primera mitad del siglo XIX, era relativamente frecuente el ver en las ferias o en algunas reuniones privadas, la inhalación de este gas nitroso, que era conocido con el nombre de gas hilarante, ya que provocaba efectos de índole psíquica en aquellos que lo respiraban. Algunos se sentían eufóricos, otros más agresivos y no faltaba a quien se le exaltaban sus deseos eróticos-sexuales. En animales la anestesia con protóxido nitroso, fue utilizada por el cirujano Enrique Hill Hickman, quien a los 23 años de edad realizó experiencias en animales a los cuales hacía inhalar previamente el mencionado gas, observando la insensibilidad de los mismos frente a la agresión quirúrgica. El hecho de que nunca probara sus métodos en los seres humanos y también quizá su temprana muerte acaecida a los 30 años, hicieron que estas experiencias pasaran también inadvertidas.

La historia de la anestesia, tan importante en la historia de la cirugía y de la neurocirugía, se traslada ahora a los Estados Unidos. En enero de 1842, Clarke, que se había interesado por los efectos del éter, realizó una extracción dentaria a una paciente a quien había previamente administrado el mencionado gas. La paciente no experimentó el menor dolor. Tres meses más tarde, Long, realizó también una pequeña intervención quirúrgica sobre un paciente que se hallaba sobre los efectos del éter, quien igualmente tuvo una operación indolora. En diciembre de 1844, un dentista, Horacio Wells, se encontraba en una de estas ferias en las que, por pocos centavos, podía uno realizar inhalaciones del gas hilarante y disfrutar de sus efectos de desinhibición y risa fácil. Uno de los espectadores estando bajo efectos del gas, sufre una caída produciéndose unas heridas. Ante el asombro de Wells, no siente ningún dolor. Dándole vueltas a esta observación, el mismo Wells, se hace arrancar un diente bajo efectos del gas nitroso. No siente ningún dolor. Immediatamente comienza a utilizar este método con sus enfermos y trata de extenderlo, para lo que organiza una sesión en el Hospital de Boston. Esta demostración no resultó sin embargo favorable, ya que el joven a quien se le realizara la intervención, aunque al final de la misma afirmó no haber sentido ningún dolor, durante el transcurso de ella realizó diversos gemidos, con tanta reiteración, que el público no sólo no le creyó cuando al final dijo no haber sentido nada, sino que sospechó que todo había sido un engaño, por lo que Wells se encontró fracasado. Entre este público se encontraba Morton, discípulo y amigo de Wells, quien continuó experimentando con este gas y otros, fundamentalmente el éter clorhídrico, que cambia hacia el éter sulfúrico, bajo el consejo del famoso químico doctor Jackson. Morton organiza otra sesión quirúrgica, para lo que se pone de acuerdo con uno de los cirujanos más prestigiosos de Boston en aquella época, el doctor Warren. El 16 de octubre de 1846, ante la expectación general y escepticismo del cirujano, se inicia la extirpación de un angioma del cuello con el paciente anestesiado. A los cinco minutos, y tan al contrario del muchacho que había gemido y posteriormente declaró no haber sentido nada, del caso de Wells, el enfermo se levanta y muy serio volviéndose hacia los asistentes declara: "caballeros, esto no es ninguna broma". El cirujano, el público y el anestesista están entusiasmados y puede afirmarse que la era de la anestesia comienza.

Pronto la noticia y el método cruzaron el Atlántico y el 10 de diciembre del año 46, un odontólogo europeo, el doctor Robinson, extrae, en Londres, una muela de un paciente anestesiado. El día 21 del mismo mes, se practicó en la misma ciudad la primera intervención quirúrgica bajo anestesia general: Una extremidad inferior fue amputada a nivel del muslo, sin el menor dolor ni el menor problema. Algunos enfermos apenas podían creer que ya estaban intervenidos cuando, gracias a la rapidez de los cirujanos de entonces, en 10 o 15 minutos se encontraban operados sin la menor molestia.

Diversos cirujanos, médicos y anestesiólogos, llevaron a cabo experiencias que perfeccionaron la técnica y la administración de las sustancias anestésicas, así como fueron descubriendo otras menos peligrosas, con lo que la anestesia cada vez fue más segura y eficaz, valores inapreciables para la realización de las intervenciones neuroquirúrgicas. Por otra parte, nadie mejor que los propios pacientes pueden valorar los sufrimientos que estos pioneros de la anestesia, y en cierto modo de la cirugía y por extensión de la Neurocirugia, han sabido ahorrar y eliminar. Menos suerte tuvieron ellos mismos: Horacio Wells, fracasado y amargado por las circunstancias adversas que concurrieron en su demostración y posteriormente decepcionado porque su antiguo discípulo y amigo, Morton, nunca le concedió ninguna importancia en el descubrimiento de los métodos anestésicos, se suicida en una triste y oscura tarde de enero de 1848, abriéndose la arteria femoral, no sin antes haber respirado los vapores anestésicos del gas cuyos efectos él mismo había descubierto. Morton, en continuas disputas con Jackson respecto a la prioridad e importancia de la contribución de cada uno a tan relevante descubrimiento, se irrita ante unas declaraciones del ilustre químico, y, probablemente obcecado, sale corriendo a buscarle con lo que sufre un accidente mortal.


LA ANTISEPSIA

La anestesia hizo que cada día se realizasen más intervenciones y más osadas. Algunas cavidades, sobre todo la peritoneal, podían ser abordadas sin prisas, sin gritos y con menores catástrofes durante la propia intervención. Sin embargo la mortalidad persiste extraordinariamente elevada, aunque con variaciones individuales, pues mientras cirujanos de reconocido prestigio y habilidad, como Billroth y Nelaton, tenían un 40 y 55% de mortalidad quirúrgica, otro como Lawson Tait, en Gran Bretaña sólo tenía un 3% de mortalidad. Estas diferencias eran debidas a las posibilidades de contagio, diferentes en unas clínicas de otras, ya que mientras en algunos lugares los cirujanos llegaban a operar después de haber practicado autopsias, sin lavar el instrumental de una intervención para otra o después de haber realizado curas con sus propias manos, otros, como por ejemplo Tait, por simple sentido de la limpieza y varios años antes del descubrimiento de la antisepsia, lavaban cuidadosamente sus manos con agua y jabón e incluso hacían hervir su instrumental con el fin de que estuviera más limpio. Algunos médicos habían también intuido el posible contagio de las heridas mediante gérmenes como causa de la supuración y de la temida septicemia. Gordon, en Escocia, recomendaba los lavados de todo el personal a su cargo antes de tratar las heridas y especialmente en todos aquellos casos que hubiera una relación con enfermas afectas de fiebre puerperal. En Estados Unidos, O. W. Holmes preconizó medidas semejantes. Mayor vehemencia e interés mostró el joven ginecólogo húngaro, ayudante de la primera clínica de obstetricia de la Maternidad de Viena, Ignacio Felipe Semmelweis quien observó que la mortalidad después de los partos era mucho más elevada en esta primera clínica, atendida por médicos y estudiantes, que en la segunda, atendida solamente por comadronas. Por otra parte, realiza Semmelweis observaciones de necropsias de enfermos muertos de septicemia y observa la similitud con los hallazgos que se encuentran en algunas enfermas que habían fallecido de fiebre puerperal. Sospecha que los propios médicos y estudiantes podrían trasladar lo que él llamaba el veneno de la putrefacción, desde la sala de autopsias hasta los órganos genitales de las puérperas, a través de sus reconocimientos y exploraciones. Por ello, la sala que sólo era asistida por comadronas, en donde había infinitamente menos exploraciones, tenía un porcentaje menor de infecciones. Semmelweis, consecuentemente, trata de matar el veneno mediante el cloro, haciendo que todos los asistentes a su clínica se desinfecten y se laven cuidadosamente las manos, especialmente antes de examinar a una enferma. La mortalidad decrece espectacularmente, pero aún varios profesores se resisten a creer y adoptar las teorías de Semmelweis llegándole a prohibir la difusión de las mismas. Hacia 1850, las ideas de Semmelweis se debaten en la mayor parte de Centroeuropa. Algunos adoptan el método de los lavados con cloro, con lo que la mortalidad desciende enormemente. Tal es el caso del ilustre profesor de Kiel, Michaelis, quien, al darse cuenta de que había sido él mismo con sus exámenes quien había contagiado a las enfermas, puso fin a su vida; otros en cambio como el mismo Virchow se resisten a abandonar las ideas clásicas, lo que amarga los últimos años de la vida del ilustre ginecólogo, ahora en Budapest, quien morirá en 1865 con la razón perdida. No es necesario recordar aquí que la ingente obra de la antisepsia y posteriormente de su consecuencia la asepsia, fue realizada gracias a los trabajos de Lister, basado en las teorías científicas de Pasteur. Para valorar debidamente la importancia de los trabajos de estos dos grandes hombres, citaremos el siguiente párrafo de Bishop: "Sir James Young Simpson, el famoso especialista en obstetricia que introdujo el cloroformo, dijo que un hombre tendido en la mesa de operaciones estaba más expuesto a morir que un soldado inglés en la batalla de Waterloo. Ello era, en realidad una baja estimación. En 1850 el porcentaje de defunciones después de una amputación oscilaba entre el 25 y el 60% en diferentes países y en el campo de batalla alcanzaba la terrorífica cifra del 75 al 90%. La primitiva ovariotomía, que fue la primera operación abdominal realizada en escala apreciable, presentaba un porcentaje de mortalidad superior al 30%, incluso en las manos más expertas". El mismo autor indica que: "generalmente el cirujano usaba una chaqueta especial para operar o incluso se ponía un delantal, pero estas prendas estaban con frecuencia rígidas por la sangre cuajada y el pus. Los cirujanos, algunas veces, se lavaban las manos y limpiaban los instrumentos; pero más a menudo después que antes de operar". En 1865 Lister aplica por primera vez el método antiséptico en una fractura de la extremidad inferior. Dos años más tarde estaba ya convencido de la eficacia de su método. La desinfección del instrumental, de las manos del cirujano, incluso del aire y del polvo de los quirófanos, cuando ello era posible, mediante pulverizaciones, lavados, etc. con ácido fénico, disminuyeron extraordinariamente la mortalidad, como se puso de manifiesto en la guerra franco-prusiana, en la que la temida gangrena, quedó casi desterrada especialmente en los hospitales alemanes, que habían adoptado rápidamente las ideas de Lister.

En opinión de Laín Entralgo. Lister fue "un cirujano concienzudo, tenaz, bondadoso, poco amigo de los triunfos fáciles y espectaculares, fiel a la idea de que la cirugía no se acaba en la sala de operaciones y por completo convencido de que en el orden de las acciones técnicas, el hoy debe ser siempre inferior al mañana... Como operador Lister prefirió en todo momento ser cuidadoso a ser rápido. No llegó a practicas amputaciones en 28 segundos, como Liston, pero sus operados podían seguir viviendo con los miembros íntegros". El razonamiento esquemático fue que la gangrena y la infección purulenta eran idénticas a la putrefacción, la cual -como había demostrado Pasteur- se debía a la invasión por microorganismos. Eliminando a los microorganismos, por tanto, podría eliminarse la infección purulenta. Dado que el ácido fénico eliminaba los organismos, habría que tratar todo con este agente químico para que no pudieran llegar los mencionados gérmenes a las heridas.

Las ideas de Lister fueron pronto aceptadas dada su innegable eficacia, aunque no faltaron testarudos retrógrados. Entre los decididos partidarios del método están Bottini en Italia; Wolkman y Billroth, Von Bergman, Neuver y Von Nussbaun, en Alemania; Lucas Championniere en Francia; Alejandro San Martín y Salvador Cardenal en España (este último utilizó el alcohol etílico en vez del irritante ácido fénico).

Además de estos dos grandes pasos de gigante en la historia de la cirugía, absolutamente esenciales para el nacimiento de la moderna neurocirugía, también en esta época tuvieron lugar otros descubrimientos también de gran trascendencia aunque tal vez no tanta como los ya señalados. La técnica del drenaje postquirúrgico introducida por Chassaignac, la pinza hemostática de presión continua, introducida por Koeberle y después por Pean, los guantes de goma, introducidos por Halsted y la mascarilla, por Mikulicz, pueden ser citados como descubrimientos finiseculares de notable importancia.


DESARROLLO DE LA NEUROLOGÍA

En la segunda mitad del siglo XIX tiene lugar el extraordinario desarrollo de la Neurología, gracias a una serie de movimientos y fenómenos, que podemos clasificar en los siguientes apartados.


MÉTODO ANATOMO-CLÍNICO

Esquemáticamente, el método anatomoclínico se basa en la observación fiel y precisa de las manifestaciones morbosas de una enfermedad en el sujeto vivo y en la correlación de estos síntomas que presentó en vida con los hallazgos de la necropsia. Una de las múltiples consecuencias y descubrimientos de este método fue el de las localizaciones cerebrales. Se observaban los sintomas de afasia y posteriormente en la autopsia se comprobaba la existencia de lesiones en el hemisferio izquierdo. La historia de las localizaciones cerebrales es sin embargo algo más antigua. Ya en 1808, Gall localizó el lenguaje en las regiónes anteriores del cerebro, lo que fue también sostenido -más científicamente- por Bouillard, en 1825. En 1836, Dax de Sommiers, en una comunicación presentada en Montpellicr titulada "Lesiones de la mitad izquierda del encéfalo que coincidían con el olvido de los signos del pensamiento" localiza la facultad de la emisión de la palabra en el hemisferio izquierdo. Como es más conocido, en 1861 Pablo Broca comunicó a la Sociedad de Anatomía de París dos observaciones de afasia y en abril de 1863, esta vez en la Sociedad de Antropología, su concomitancia con lesiones fronto-temporales del hemisferio izquierdo. En 1874 Wernicke describe la llamada afasia sensorial o imposibilidad para la comprensión de la palabra, como trastorno neurológico aislado, coincidente -en este caso- con una lesión en la parte posterior de la primera y segunda circunvoluciones temporales del lado izquierdo.

Poco después, en 1881, José Julio Dejerine localizaba el centro de la visión verbal es decir de la lectura en el pliegue curvo y áreas occipitales.

Respecto a las zonas motoras fueron las investigaciones fundamentales de Hitzig, Fritz, Jackson y Ferrier las que localizaron esta facultad de realizar movimientos en la circunvolución frontal ascendente y adyacentes, es decir, las áreas precentrales o pre-rolándicas. Las ulteriores experiencias de Brodman, Von Ecónomo, Koskinas, Von Bonin, Bailey, Fulton, Penfíeld y otros contribuyeron a localizar numerosas funciones del sistema nervioso, permitiendo el diagnóstico topográfico de las lesiones y por tanto la consideración de un posible tratamiento quirúrgico. Muchos de los autores que hemos citado no sólo utilizaban el método anatomoclínico, sino que, muchos de ellos y especialmente ya en los comienzos del siglo XX, utilizaban métodos neurofisiológicos, como seguidamente consideraremos.


ESPÍRITU NEUROFISIOLÓGICO

Ya en el siglo XIX, incluso en su primera mitad, existen algunos neurólogos que se valen de medios fisiológicos (electroestimulaciones) para ahondar en el conocimiento de la patología del sistema nervioso. Guillermo Benjamín Duchenne de Boulogne, fue uno de los primeros, que en París, utilizó la electrología para la estimulación de los músculos, delimitando diversas afecciones, que hoy llevan su nombre. También los métodos fisiológicos, confirmaron y desarrollaron muchas de las localizaciones cerebrales. Hitzig, en 1834 observó la ceguera del perro tras la extirpación del lóbulo occipital, confirmada más tarde por los trabajos de Munk en el año 78 y de Henchen en 1892. También en 1874 describió Betz las funciones sensitivas de las áreas postrolándicas. Fundamentales fueron también, hacia esta época, los trabajos de Paulov, el conocido fisiólogo ruso quien localizó en la corteza cerebral las funciones de aprendizaje y describió los reflejos condicionados. La función sensitiva del tálamo fue descrita por Probst en 1900. En lo referente a la fisiología de la médula espinal, destacan los trabajos de Schiff, quien observó la conducción centrífuga motora de los cordones anteriores y la centrípeta sensitiva de los posteriores; de Brown Séquard que describió el síndrome que lleva su nombre; de Petrén quien describió la decusación sensi­tiva; de Fleschig, Gowers y Monakow que describieron los haces de su nombre; de Turk, que creó el concepto de vía piramidal; de Cajal que sentó las bases del arco reflejo; de Duchenne de Boulogne quien describió el síndrome de lesión de sustancia gris de asta anterior, en donde localizó las lesiones poliomielíticas; de Charcot, que describió la esclerosis lateral amiotrófica; de Bechterew y de Sherrington con su concepto de vía final común y de inervación recíproca. En cuanto a la excitabilidad eléctrica, destacan los trabajos de Dubois-Raimond, Pflüger y otros. En lo referente a los reflejos, los trabajos de Babinski, Openheim, Sherrington, Barré, Mingazzini y otros que se ocuparon también de la semiología neurológica. En lo tocante a la fisiología del cerebelo, destacan las investigaciones de Luciani, Babinski y Barani y los de Polk en cuanto a somatotopía cerebelosa. El tronco cerebral fue estudiado por Claudio Bernard y Aronson, quiénes describieron centros vegatativos; Flourens estudió el centro respiratorio; Constans el centro salivar; Herhain los centros reguladores de la lipolisis, termorregulación, diuresis, etc. Los estudios clínicos de Foville son bien conocidos de todos los neurólogos.

La nosología neurológica, propiamente dicha, fue obra fundamentalmente de los neurólogos franceses, ingleses y alemanes, con aportaciones italianas, españolas, estadounidenses y de algunos otros países. En Francia, destacan Duchenne de Boulogne, Charcot, Babinski, Dejerine, Brissaud, Pierre-Marie y otros. En Gran Bretaña, Jackson, quien describió la epilepsia jacksoniana y procuró que sus discípulos manejasen el oftalmoscopio; Bastían, que describió el síndrome de sección medular; Horsley, quien pasó del campo de la neurología clínica al de la qirúrgica; Gowers, Mots, Holmes, Heat, Wilson, Ridoch, Simonds, etc. En Alemania, cabe citar a Friedrich, Leiden, Meinert, Erb, Westfald, Openheim, Wernicke, Von Monakow, etc. En Italia, Bianchi, Mingazzini, Marchiafava y otros. En España, Barraquer Roviralta, Lafora, Villaverde y López Albo. En Rusia, Bechterew. En Estados Unidos, Silas Weir Mitchel, Dana, Mils y Huntington. También en varios países centro-europeos (Suiza, Austria, Polonia, etc.) y en algunos ibero-americanos (Argentina, Chile, Uruguay), se realizaron notables aportaciones a la neurología clínica.


DESCUBRIMIENTOS NEUROHISTOLÓGICOS

A finales del siglo pasado y aún al comienzo del presente, se pensaba que el sistema nervioso estaría formado por una gran red o sincitio. Sólo de esta manera se comprendía que los "fluidos nerviosos" o impulsos nerviosos, pudieran pasar del cerebro a los nervios periféricos. Son, fundamentalmente los trabajos de la escuela madrileña de Neurohistología, los que echarían por tierra este concepto y demostrarán, gracias a los métodos de tinción por ellos descubiertos y perfeccionados, que en el sistema nervioso, al igual que en otros lugares del organismo existen diversas células, conexionadas entre sí, con sus funciones peculiares, confirmando así y llevando hasta su último extremo la doctrina de la celularidad de Virchow. Simarro, primero, Cajal después, Achúcarro y Río Hortega más tarde, describirán la neurona y las células gliales, es decir colocan los cimientos para una concepción real y moderna del sistema nervioso.

Gracias a sus métodos y descubrimientos, describe Cajal la neurona como entidad autónoma, las dendritas y el axón. Señala las funciones receptoras de las dendritas y efectoras del axón, es decir la llamada ley de la polarización dinámica de Cajal. También describe la neuroglia, con sus características. En este terreno de la glia, destacan los trabajos del vallisoletano don Pío del Río Hortega, quien descubrió y describió la oligodendroglia, de la que señaló su origen ectodérmico, y su parecido, tanto en origen como en función con las células de Schwann. También descubrió la microglia, describiendo sus funciones.

Además de las fundamentales aportaciones de la escuela de Madrid, hay que destacar también los descubrimientos realizados en Italia por Camilo Golgi y sus discípulos, y en otros países los de Nils, Remak, Deiters, Bielschowki, Marinesco, Köeliker, Van Gehuchten, Waller, Waldeyer, etc.


DESARROLLO DE LOS MÉTODOS AUXILIARES DE DIAGNÓSTICO

Diversos descubrimientos de la época, permitieron realizar diagnósticos mejores y más precisos, tanto del campo de la neurología clínica, como de la incipiente Neurocirugia. El oftalmoscopio de Hemholtz, fue introducido en la clínica por Graefe, en 1860. La importancia de este nuevo instrumento de exploración es extraordinaria. No sólo nos permite ver una parte de tejido encefálico, como es la retina, sino que también nos permite conocer el estado de los vasos, deducir la presión intracraneal excesivamente aumentada e incluso diagnosticar diversas enfermedades de modo inequívoco.

El líquido céfalo-rraquídeo, bien conocido en la antigüedad, fue "redescubierto" en 1748, por Cotugno en el cerebro de los peces. Valsalva lo describió en el perro y posteriormente, en 1822 Magendie realizó un estudio exhaustivo del liquor en el hombre. Fueron W. Essex y Cornig, los primeros que realizaron una punción lumbar en sujeto vivo, precisamente en un caso de meningitis tuberculosa, sin embargo fue Quinke quien la introdujo en la clínica, extendiendo su uso. Los trabajos de Widal, Sicard, Nonne, y otros, fueron extendiendo la semiología del líquido cefalorraquídeo.

La radiología fue otro método de diagnóstico que ayudó extraordinariamente al desarrollo de la neurología y de la neurocirugía. Es bien sabido que en 1897 Openheim diagnosticaba el primer tumor de silla turca, por métodos radiográficos. Posteriormente Schüller dedicó una gran pane de su actividad al estudio de la radiología simple de cráneo. Algunos neurólogos, como Egas Moniz y varios neurocirujanos, como Almeida Lima, Dandy, Sicard, etcétera, realizaron contribuciones inapreciables en el campo neurorradiológico, que serán comentadas más tarde.

Otra técnica auxiliar que permitió progresos a las ciencias neurológicas, fue la electroencefalografía. El primero que registró corrientes cerebrales parece haber sido el fisiólogo inglés Caton que en 1875 examinaba cerebros de monos y conejos recogiendo oscilaciones en el galvanómetro entre los electrodos exploradores. Pudo ya observar que la iluminación de un ojo podía modificar el potencial cerebral del lado opuesto. En 1890 Fleich Von Marxow confirmó estas experiencias, observando que resultaban más fáciles los registros cuando se trabajaba sobre la corteza visual. Los diferentes trabajos de Beck, Horsley, etc., atestiguaron las experiencias mencionadas y ya en 1913, con ayuda de un galvanómetro de cuerda, Prawdicz-Neminsky pudo recoger de modo continuo el trazado de las oscilaciones de potencial del cerebro de un perro, lo que llamó electrocerebrograma. Distinguió siete tipos de trazado y observó que la excitación de un nervio sensitivo (ciático) irroga corrientes de acción polifásicas sobre el hemisferio opuesto. Las primeras investigaciones de Hans Berger, comenzadas en 1902, fueron también basadas en la experimentación animal. El 6 de julio de 1924, obtuvo el primer registro humano sobre un joven de 17 años que había sido trepanado un año antes por Guleke. Publica sus conclusiones en 1929 y el nuevo método comienza su andadura. En 1940 gracias al impulso dado por el propio Berger, por Adrian, Matthews y Grey Walter, en Gran Bretaña; Fisher, Kormüller, Foerster y Tonnis en Alemania; Jasper, Bishop, Lennox, Gibbs en Norte América; y Fessard, Verdaux, Fischgold en Francia, el E.E.G. entra en la clínica como ayuda valiosa en múltiples afecciones neurológicas y más específicamente en el diagnóstico y localización de los procesos expansivos intracraneales dentro del campo neuroquirúrgico. Actualmente los procederes de registro poligráfico, de tele-electroencefalografía, de la integración matemática, de registro y confección de toposcopios y mapas temporoespaciales, etc., hacen de la técnica electroencefalográfica no sólo un auxiliar de la clínica, sino también un método de investigación de primer orden. Más recientemente, las técnicas de ecoencefalografía, desarrolladas por Lecksell en Suecia y otros, las de gammagrafía cerebral, fundamentadas en los trabajos de Moore, Sweet, Selverstone, Plamiol, etc., y por último las actuales de tomografía axial computarizada descrita por Hounsfield y aplicada en clínica por Ambrose, en 1973, y la resonancia magnética, han dado una gran seguridad al diagnóstico neuroquirúrgico, antaño apoyado exclusivamente en la valoración de paresias, reflejos, atrofias, etc., al tiempo que hacen menos agresivas las investigaciones de las entidades nosológicas. La neurología y la neurocirugía -como la mayor parte de las actividades humanas- también se han visto invadidas por la técnica.

Herramientas personales