LA NEUROCIRUGÍA PREHISTÓRICA

De Neurowiki

NEOLÍTICO

Decimos que la Neurocirugía es la especialidad más antigua de todas las de las Ciencias Médicas, ya que parece innegable que la primera intervención quirúrgica que realizó el hombre fue la trepanación craneal. Aunque algún esqueleto encontrado en Irak en la época del hombre de Neanderthal tendría algún indicio sobre una posible amputación en un miembro, este hecho es muy controvertido y está lejos de poder asegurarse. Sí se puede asegurar, en cambio, que el hombre del Neolítico, es decir, aquel que habitó en Europa y en América entre los años 5.000 a 2.000 a J. C, practicó numerosas trepanaciones, como lo prueban los múltiples cráneos que presentan señales indudables de esta intervención (Foto 1). En 1873, Prunieres y Broca, iniciaron el estudio de los cráneos trepanados y lo pusieron en relación con pequeñas piezas óseas circulares que llamaron "rondelles" y que parecían ser discos óseos que habían sido extraídos del cráneo mediante trepanaciones y que probablemente se guardaban o se colgaban del cuello como amuletos. Es muy posible que algunas de estas trepanaciones con el fin de extraer discos de la calota craneal fueran realizadas en los cadáveres, sin embargo es indudable que también muchas de estas intervenciones fueron realizadas en el vivo, como lo prueban los signos de crecimiento y regeneración ósea observados en el borde del cráneo y confirmados mediante estudios radiográficos de estos cráneos prehistóricos. Es también posible que algunos de estos cráneos no hubieran sufrido auténticas trepanaciones sino que se tratase de fracturas que posteriormente iban evolucionando, lo que hoy conocemos con el nombre de fracturas evolutivas, síndrome frecuente en niños.

Es, sin embargo, indudable también, que numerosas trepanaciones fueron practicadas por el hombre neolítico en sujetos vivientes. Los motivos probablemente hayan sido varios. En primer lugar, causas de tipo mágico, como la obtención de los mencionados amuletos o "rondelles", o bien es probable que estas intervenciones se realizasen en sujetos enfermos con el fin de que los malos espíritus pudieran salir de la cabeza del paciente. Algunas tribus primitivas actuales realizan esas intervenciones con estos fines mencionados. También dentro de este pensamiento mágico puede incluirse otra probable causa como es la iniciación mística de los jóvenes de las tribus, lo que estaría apoyado por el hecho de que la mayoría de estas trepanaciones eran practicadas en jóvenes y adolescentes. Tendría así un significado semejante al de la circuncisión o al de la intervención de Mika. No puede descartarse tampoco en algunos casos un motivo punitivo, como castigo de matiz religioso o místico.

Otro motivo podría ser el puramente terapéutico. En la etapa Neolítica comienzan a producirse lesiones por hachas, armas arrojadizas o piedras lanzadas por hondas, agentes vulnerantes todos ellos que pueden lesionar la cabeza, y especialmente las zonas fronto-parietales que son las preferidas para las trepanaciones. También abona esta hipótesis el haberse encontrado algunos cráneos que presentaban indicios de trepanación junto con indicios de fracturas o hundimientos muy próximos. Por otra parte existen numerosos pueblos en África e Indonesia que practican la trepanación de un modo muy semejante a como probablemente la practicasen los hombres del Neolítico y que la realizan con el fin de quitar esquirlas óseas en hundimientos o fracturas. No puede pues descartarse completamente, como han hecho recientemente algunos autores, la posibilidad de que algunas trepanaciones en ciertas tribus tuvieran un matiz claramente terapéutico, quizá no tanto para curar epilepsias u otras enfermedades como para tratar de aliviar los traumatismos, hundimientos, fracturas, etc., especialmente si eran abiertos.

Parece razonable pensar que en esta cirugía prehistórica, como en la actual, no existieran motivos únicos, sino que el pensamiento mágico, el empirismo, el racionalismo y el sentimiento innato en muchos hombres de tratar de ayudar al herido, hayan influido y se hayan combinado entre sí con la resultante de esta actuación terapéutica, antiquísima, que constituye la trepanación.

Desde el punto de vista técnico estas trepanaciones eran realizadas de muy diversa manera. En términos generales, y como queda dicho, eran más frecuentes en jóvenes y en la región parietal, después la frontal y más raramente en la occipital. Parece probable que, al menos en algunas tribus, conocieran los desastrosos efectos de la trepanación y apertura de la dura en la línea media y regiones del seno lateral, ya que con frecuencia eran evitadas. Del estudio de los cráneos trepanados, puede concluirse que, en términos generales, las técnicas más utilizadas eran bien el raspado o cepillado progresivo, o bien la incisión por medio de un buril o algún otro instrumento afilado o puntiagudo. En algunos casos la intervención no se encuentra acabada, probablemente por la muerte del paciente, mortalidad que se ha cifrado entre un 40 y un 80%. La práctica de varios orificios expuestos de forma más o menos circular o poliédrica, uniéndolos después mediante el raspado, ha sido también comprobada. El instrumental probablemente estuviera compuesto de cuchillos de piedra pulimentada, agua abundante, hierbas para limpiar la sangre y tal vez se ayudasen también con las uñas.

Algunos exploradores que han investigado estas técnicas quirúrgicas entre los aborígenes de algunas islas de Indonesia o en tribus antiguas de África, han referido cómo practican las trepanaciones. En Nueva Britania lavan la herida con leche de coco, lavado que realizan durante toda la intervención; mantienen el campo operatorio relativamente limpio soplando con fuerza mediante cañas de bambú, extraen las esquirlas y raspan las partes adyacentes del hueso. Terminada la intervención aplican vendajes y ungüentos. Si se produce una infección y la herida supura, repiten de nuevo la intervención. En algunas otras tribus utilizan trozos de conchas, láminas de obsidiana o dientes de tiburón. Otros utilizan los propios cabellos del paciente, trenzados, para tirar de los bordes de la herida y separar así el cuero cabelludo, que después es cosido mediante agujas hechas con huesos muy finos, largos y resistentes, de aves u otros animales. En varias tribus de Melanesia la intervención se practica sólo con fines terapéuticos, y en algunas de ellas tiene delimitados y ordenados los tiempos de la operación.

Otra intervención realizada también en esta época neolítica sobre el cráneo es la llamada "T sincipital", realizada casi exclusivamente en cráneos femeninos. Consistía esta intervención en una incisión que comenzaba en región frontal, se dirigía hacia atrás por la línea media bifurcándose en la región parietal hacia ambos lados. La incisión no solía llegar hasta la duramadre. Esta intervención fue realizada fundamentalmente en Francia.

También entre la antigua población de las Islas Canarias (guanches) se practicaban algunas intervenciones craneales consistentes en simples escarificaciones de la tabla externa y diploe. El significado de estas prácticas permanece por el momento oscuro.

Cráneos trepanados han aparecido en Hungría, Alemania, Checoslovaquia, Japón, Francia, Crimea y algunos otros países. En España se han encontrado en Asturias y en Levante. Con el advenimiento de la Edad de los Metales y la consiguiente utilización de la espada, que hiere en tórax y abdomen antes que en la cabeza, la práctica de la trepanación decayó. Esto puede también considerarse como argumento en favor de que al menos ciertas trepanaciones fueron realizadas probablemente con fines terapéuticos y no solamente mágicos.




AMÉRICA PRECOLOMBINA

Entre las civilizaciones de la América precolombina, algunas tribus practicaban también intervenciones sobre el cráneo. Tales fueron las de los nutkas, que ocupaban la región del suroeste del actual Canadá, próxima a Vancouver, parece ser que con fines casi exclusivamente mágicos.

Mayor desarrollo mostraron los incas del Perú, quiénes practicaban trepanaciones ya 3.000 años a. J. C. y que si bien tuvieron en principio un carácter religioso, posteriormente adquirieron un matiz terapéutico. La frecuencia con que se utilizaban ciertas armas como las mazas y macanas, que golpean preferentemente en la cabeza, explican que al igual que ocurría en algunos cráneos europeos, las trepanaciones se realizasen fundamentalmente en áreas frontales y parietales (Foto 2), existiendo alguna evidencia de que ciertas trepanaciones se habían realizado sobre hundimientos craneales, hipertensión intracraneal o infecciones del cerebro. Sin embargo, la extraordinaria frecuencia con que esta intervención se practicaba entre los incas, que alcanza hasta el 2% de los cráneos encontrados en algunas excavaciones, indica que la mayor parte de estos procederes quirúrgicos se realizaban con unos fines mágico-religiosos.

Desde el punto de vista técnico se utilizaban cuchillos fabricados de aleaciones de oro, plata y sobre todo cobre, cinceles, sierras de sílex, obsidiana y pedernal y agujas en ocasiones metálicas (Foto 3). Según refiere Francisco Guerra, Cayo, Quevedo y Aragón, ejecutaron una trepanación enteramente con instrumentos incas precolombinos, utilizando los métodos de hemostasia y las ligaduras típicas de los incas. Realizaron la trepanación en menos de una hora con una sierra de obsidiana y cinceles de aleaciones metálicas.

Muy interesante es el hecho de que estas civilizaciones precolombinas solían beber chicha, licor que les producía inconsciencia, lo que indudablemente representaba grandes ventajas tanto para el cirujano como para el enfermo.

Menos desarrollo alcanzó la cirugía craneal entre los aztecas lo que se ha achacado a una falta de base patológica de control de hemorragia y de infección. Sin embargo una explicación, quizás más satisfactoria, puede deducirse de la descripción que da Torquemada de las honras fúnebres que se celebraron a la muerte del cacique de Michuacán, en las que, sobre la propia tumba del difunto, fueron sacrificados algunos de los médicos que no habían sido capaces de curar la enfermedad de dicho cacique. No parece pues aventurado el pensar que el buen sentido de los cirujanos aztecas les moviese a no intentar intervenciones tan arriesgadas como la trepanación craneal, que pudieran terminar letalmente no sólo para el paciente.




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